Los riesgos de seguir un tratamiento de ortodoncia sin supervisión profesional

Nueva era, nuevos hábitos

Desde mediados de la cuarentena nuestras preocupaciones estéticas y hábitos de belleza se han enfrentado a un cambio de paradigma.

En el último año, el maquillaje de ojos ha reemplazado a los pintalabios en el podio de las búsquedas de productos de belleza. También se ha disparado el interés por la toxina botulínica, un tratamiento de rejuvenecimiento facial que se aplica en las arrugas del tercio superior de la cara.

Es normal que, ante la necesidad de llevar mascarillas al salir a la calle, muchas personas muestren mayor preocupación por reforzar su mirada y cuidar las partes de su rostro que son visibles para los demás; lo curioso es que también han mostrado interés por aprovechar para mejorar, discretamente, aquellas que no lo son.

Cuando la salud se convierte en tendencia

La ortodoncia, que tradicionalmente se contemplaba como un tratamiento propio de adolescentes, se ha convertido en tendencia. Muchos adultos han tomado la decisión de mejorar el aspecto y la salud de su sonrisa, aprovechando que la mascarilla cubre su boca la mayor parte del tiempo.

El problema surge cuando empezamos a tratar la salud como una moda y nos olvidamos de que la ortodoncia es un proceso médico cuyo éxito depende, fundamentalmente, de que se realice un correcto diagnóstico en profundidad.

Muchas clínicas dentales han manifestado que la demanda de brackets se ha incrementado considerablemente desde el inicio de la pandemia. Pero, en contraposición, también ha proliferado la venta de alineadores invisibles “de autoconsumo” con los que, tras una primera visita donde se realiza un escáner, te envían a casa el pack de alineadores con indicaciones para irlos reemplazando, y te ofrecen un seguimiento a través de una aplicación móvil, en muchos casos, sin necesidad de volver a la consulta.

¿Cuál es el riesgo para tu boca?

Desde AESOR (Asociación Española de Ortodoncistas) y la SEDO (Sociedad Española de Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial) ya han alertado sobre los riesgos del uso indiscriminado de estos alineadores y de las consecuencias que puede acarrear para el paciente seguir un tratamiento de ortodoncia en su domicilio, sin una supervisión periódica presencial por parte del ortodoncista.

Debemos ser conscientes de que la ortodoncia no solo influye en la estética dental. Un tratamiento de ortodoncia puede modificar los rasgos faciales del paciente y repercutir en las funciones masticatorias, fonéticas, respiratorias y deglutorias.

De hecho, cuando se planifica un tratamiento de ortodoncia, se deben tener en cuenta tanto los aspectos estéticos como funcionales. Si solo se alinean los dientes que se muestran al sonreír, pero no se trata la oclusión a nivel de las muelas, funcionalmente el paciente no tendrá cambios. Como ortodoncistas debemos tratar todos los dientes, tanto anteriores como posteriores.

Por tanto, un tratamiento inadecuado puede llegar a generar problemas de oclusión, alteraciones en la ATM (la articulación que actúa de “bisagra” entre la arcada superior y la inferior), lesiones en los tejidos de soporte de los dientes, irritaciones, llagas, etc.

Recuerda que los alineadores siempre deben fabricarse de forma personalizada y adaptada a cada fase del tratamiento.

Para poder elaborarlos de esta forma, es imprescindible realizar un estudio ortodóncico completo, de forma que los ortodoncistas tengan claros los objetivos que quieren alcanzar con los alineadores y cómo va a ser la progresión del tratamiento.

La importancia de un buen diagnóstico

En algunas de las empresas que comercializan con alineadores transparentes se explica que, antes de confeccionar los alineadores, se realiza un escáner intraoral de la boca del paciente.

Cada clínica dental tiene su propia metodología, su tecnología y su manera de desarrollar los tratamientos, pero en general, la eficacia de la ortodoncia radica, como ya hemos comentado, en un correcto diagnóstico.

Para obtenerlo, es óptimo realizar un estudio de ortodoncia en profundidad, comentar con el paciente sus objetivos y expectativas, planificar de forma minuciosa cada fase y, sobre todo, realizar un seguimiento presencial periódico que permita a los profesionales verificar que todo va como debería o realizar modificaciones si es necesario.

Además, para elaborar este estudio muchas veces no basta con realizar un escáner; hay otros registros que también es fundamental analizar si queremos planificar correctamente el tratamiento, como fotos faciales y bucales, radiografías o incluso un trazado cefalométrico.

En conclusión: no debemos ver la salud como una moda. Debemos pensar que jugar con la salud es algo serio y que invertir en un tratamiento aparentemente más cómodo y sencillo, puede salirnos más caro en el futuro.

Fíate siempre de aquellos ortodoncistas que pongan especial atención en la fase de diagnóstico, porque con una buena planificación tendrás garantizado el éxito de tu tratamiento.

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