Dentistas de fábula (y dentistas fabulosos)

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Una fábula suele comenzar con: “Érase una vez” una persona con habilidad empresarial que llegó a un pueblo, o quizás una ciudad, con el objetivo de emprender aquel negocio que le proporcionara la mayor rentabilidad posible.

Antes de elegir, decidió analizar una por una aquellas actividades que ofrecieran mayores beneficios. Estudió el mercado (a aquel consumidor a quien la crisis económica había hecho muy consciente de lo que gastaba), cuantificó los recursos que tenía a su disposición (mucho licenciado que no exigiera sueldos elevados) y valoró las barreras de entrada de cada sector (inversión inicial, acceso a proveedores, regulaciones, normativa, etc.).

Seguro que le dio muchas vueltas hasta que tomó su decisión: −Invertiré en el sector dental, en un concepto de clínicas low cost−. Marcó un plan de expansión ambicioso, el cual no tardó en llegar gracias a su visión empresarial.

En el mismo lugar, otro dentista se levantaba cada mañana con la ilusión, igualmente, de que su negocio funcionara. Tiempo atrás también había tomado la decisión de emprender, pero desde la óptica de hacer de su formación en odontología una forma de vida.

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Lo había afrontado con grandes inversiones en formación y tecnología que le ayudaran a ofrecer el mejor servicio. Además, en los últimos años, había tenido que ponerse las pilas en la gestión de la clínica, aprendiendo por ejemplo sobre marketing y ventas, consciente de que los pacientes cada vez tenían más opciones donde elegir.

Seguramente ambos profesionales se observaban desde la distancia: ambos sabían cómo querían desarrollar su trabajo e intentaban hacerlo lo mejor posible. Desde fuera, la gente entendía que coexistieran modelos de negocio diferentes… hasta que en algún momento algo empezó a fallar en esas nuevas clínicas de nuestra fábula.

Reclamaciones y quejas de pacientes, tratamientos que se complican, trabajadores insatisfechos y noticias que hablan por sí solas. Sin querer entrar en valoraciones que pudieran afectar a sus pacientes, y no sin preocupación, el dentista de siempre continuó esforzándose por que los acontecimientos no salpicaran a su clínica. Pero una duda le asaltaba:

−Si cada día abren nuevas clínicas dentales −muchas de ellas con el mismo modelo que el empresario de nuestra fábula−, ¿cómo van a ser los pacientes capaces de diferenciar quiénes son los “dentistas fabulosos” de entre aquellos “dentistas de fábula”?−.

Y así es como se le ocurrió plantear que:

Los “dentistas fabulosos”…

Rosario García Compagni es consultora de reputación y comunicación corporativa  (www.lasbuenasempresas.com) y responsable de Reputación en la Asociación BQDC.

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