Por lo general, tendemos a centrarnos en la realización de aquellas tareas que dominamos o que nos resultan más agradables. Y procrastinamos con las que no se nos dan tan bien o, sencillamente, no nos gustan.
Pero se trata de una actitud estéril. Por mucho que intentemos evitarlo, la gestión de nuestras clínicas conlleva una serie de trámites burocráticos y administrativos que debemos cumplir. Y cuyo incumplimiento no es cuestión baladí, ya que las sanciones por parte de la administración pueden ser cuantiosas.










